
Después
de más de 40 años en la era espacial, la conquista del espacio ha
supuesto muchos beneficios para la humanidad. No obstante, también se ha
generado un gran número de residuos. Alrededor de la tierra giran cerca
de 8000 satélites en funcionamiento, según la NASA. Los desechos
espaciales comprenden la cada vez mayor cantidad de material inactivo
(hardware) en órbita alrededor de la Tierra, así como fragmentos de
naves que se rompieron o abandonaron.
La
mayoría de estos desechos se vaporizarían en la atmósfera si cayesen
hacia la Tierra, de modo que en este sentido no suelen suponer un
peligro directo para los terráqueos; aunque ya ha habido casos de
chatarra espacial lo suficientemente grande como para no quemarse por
completo en la atmósfera y golpear la superficie.
Tanto los estadounidenses como los rusos cuentan con redes de estaciones de rastreo para seguir a estos objetos.
La
habilidad para monitorear basura espacial, satélites, objetos cercanos a
la tierra y actividad solar se conoce como Conciencia Situacional
Espacial y muchos expertos lo consideran un paso más hacia el control
del tráfico espacial.
EEUU
tiene identificados en la actualidad más de 9.000 objetos artificiales,
con un peso total que supera las cinco toneladas. No obstante, se
estima en más de 50.000 el número de objetos mayores de un centímetro.
La
mayor parte de estos aparatos están en ruina y constituyen un gran
riesgo para las misiones espaciales. La basura espacial viaja a través
del espacio a 29.000 km/h. Un pedazo de papel viajando a esa velocidad
puede perforar el traje de un astronauta.

Actualmente
la basura espacial es muy difícil de tratar, debido a las altas
velocidades en sus órbitas y el pequeño tamaño de la mayoría de la
metralla basura.
80%
de todos los objetos catalogados están en una órbita baja terrestre
(LEO), que se extiende hasta 2000 km sobre la superficie del planeta y
cerca de 40% de desechos rastreables proviene de explosiones, unas 4 por
año.
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