La riqueza se opone a la pobreza. Quien es rico tiene dinero y medios materiales para satisfacer sus necesidades y para consumir bienes que no son imprescindibles. El pobre, en cambio, tiene dificultades para acceder a una vivienda digna, a los servicios sanitarios y a la alimentación.
La riqueza económica suele acarrear otro tipo de beneficios, como prestigio social o la acumulación de poder. En estos casos, se trata de ganancias más bien simbólicas, que trascienden lo material en sí mismo.
La riqueza material, por lo tanto, es la posesión o el control de numerosos bienes y activos. Dicha riqueza se crea cuando un proceso productivo o comercial genera más dinero del que se utilizó inicialmente como inversión para poner en marcha el proyecto. Si un sujeto invierte cien dólares al mes y gana doscientos dólares en el mismo período, se puede decir que obtiene una ganancia de cien dólares mensuales, lo cual se considera parte de su riqueza.

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